Si bien el daño ocasionado por el hombre a la fauna del planeta no es tan espectacular como el que se le produce a la vegetación del mundo, no por ello deja de ser lamentable y sumamente peligroso.
Desde la aurora de la civilización, la caza y la pesca han constituido actividades esenciales para la supervivencia de los seres humanos. No obstante, esa misma necesidad ha derivado en la desaparición de una cifra ingente de especies animales.
Pérdidas irremplazables
Sin considerar la lamentable eliminación provocada sobre los bisontes en Norteamérica o los elefantes en África, se hace patente una gran reducción de la fauna salvaje propia del continente europeo. Los ciervos por ejemplo, antes infaltables en las grandes zonas boscosas de Europa, hoy en día son cada vez más raros de encontrar. Una causa directa de esta devastación es el crecimiento de las zonas cultivadas, factor que altera considerablemente el medio. Este desequilibrio motiva la desaparición de un gran número de ecosistemas, circunstancia que acentúa el daño sufrido. La catástrofe se presenta en la modificación radical de las cadenas alimenticias.
Una muestra del problema se puede encontrar en la desaparición de los conejos, por causa de la mixomatosis, en algunas regiones europeas. Esta circunstancia ha provocado un incremento en el número de ratones de campo, presas fáciles de las aves rapaces. Ahora por lo tanto se deben tomar medidas para que no se desajuste más ese ecosistema, protegiendo a los ratones de campo.
Un delicado equilibrio
Otra muestra de lo delicado que resulta mantener el equilibrio ecológico, con referencia a la supervivencia de la fauna, se puede hallar en el caso del pájaro carpintero. Este animal, que en otros tiempos se hallaba bajo protección de leyes bien precisas, actualmente es considerado en ciertas naciones como una auténtica amenaza, ya que devasta grandes cantidades de hormigas rojas. Estos insectos son muy importantes para la estabilidad de los bosques, puesto que se alimentan de ciertos insectos xilófagos, es decir, criaturas que se comen la madera.
Callejón sin salida
Tratando de acabar con fauna nociva como los mosquitos o las moscas, los seres humanos usan muchos tipos de insecticidas. El problema estriba en que la utilización de estos productos químicos acarrea la muerte de animales útiles para el equilibrio de los ecosistemas. Basta pensar en que la desaparición de estos insectos repercute grandemente en la población de pájaros que se alimentan de ellos. Y al mismo tiempo, la disminución de estos insectos perjudica la fecundación de plantas entomófilas, es decir, que se fecundan por medio de los insectos.
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Me a servido para un trabajo, esta muy bien.